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LAS CARACTERÍSTICAS DEL SERVICIO EN LA OBRA DE DIOS.

Por Guillermo A. Morataya.

Pasaje bíblico: 1 Crónicas 28:9,19-20;

9 Y tú, Salomón, hijo mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo dejares, él te desechará para siempre.
19 Todas estas cosas, dijo David, me fueron trazadas por la mano de Jehová, que me hizo entender todas las obras del diseño.
20 Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová.

Reflexión: La santidad, la diligencia, y la humildad, son básicas para el servicio en la obra de Dios.

El pasaje nos habla de la encomienda que el rey David hizo a su hijo Salomón antes de morir: La construcción del primer templo donde sería adorado el nombre del Señor. Antes de este templo, sólo existía un tabernáculo portátil donde reposaba el arca del pacto y se ofrecían los sacrificios.

David tuvo este sueño, y Dios mismo le dio la visión de cómo debería ser edificado el templo; sus medidas, su diseño y sus materiales, todo le fue revelado a David. Para David esta edificación se convirtió en el sueño de su vida, pero Dios le impidió su edificación por ser David un hombre que había derramado mucha sangre; pero esto no impidió que David se esforzara a través de todo su reinado a reunir un cuantioso tesoro para este propósito. De tal manera que a Salomón se le encomendó una obra, pero le fue provisto todo: Los planos, los materiales y el tesoro necesario para la ejecución de dicha obra.

1. La diligencia, la responsabilidad y el esfuerzo.

Sin embargo, David sabía que todos los recursos provistos a Salomón serían inútiles si éste no era diligente a la obra que se le había confiado.

Todo hombre y mujer que ha decidido servir al Señor debe estar conciente de esta verdad; Dios ha provisto de diferentes dones a su Iglesia, diversas gracias y oportunidades nos han sido provistas, pero todo esto será inútil si no nos esforzamos, si no somos diligentes en la obra que nos ha sido confiada.

Por esta razón David le demanda a su hijo: “Anímate y esfuérzate, y manos a la obra” (v20), pero la iglesia del Señor es negligente al servicio en la obra y muchas veces se niega a servir, y otras lo hace de una manera mediocre; nos conformamos con reunirnos cada cierto tiempo, pero sólo para recibir; no nos esforzamos por aportar con aquellas gracias que el Señor ha dado a cada uno de nosotros. Por esa razón no hay un crecimiento ni numérico, ni espiritual en muchas congregaciones. Pero puedo decirte algo con solvencia: Cuando nos disponemos a servir con diligencia, al dar de lo que Dios nos ha dado, nosotros mismos recibimos, y crecemos en la gracia del Señor, tenemos experiencias que nos fortalecen, las cuales sólo se pueden vivir cuando nos disponemos a servirle.

2. La santidad.

Otro aspecto a considerar, el cual ha sido tropezadero para muchos que quieren servirle al Señor, es la santidad. Debemos saber que como hijos de Dios hemos sido llamados a vivir una vida apartada del pecado, no somos como aquellos que aun no conocen al Señor. Somos como lo dice Pedro: “Nación santa, real sacerdocio, pueblo adquirido por Dios” (1 Pedro 2:9).

No servimos a una religión, ni mucho menos a un ídolo muerto, servimos a un Dios vivo, que nos cela con celo santo, que está en todo lugar, que conoce lo profundo de nuestras mentes y corazones. Por esa razón David le recomienda a Salomón: “…reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos” (v9).

Muchos hombres y mujeres agraciados por Dios, vasos útiles y especiales en las manos del Señor se han echado a perder por causa del pecado, se vendieron barato no valorizando como Dios lo había preciado; y si bien el Señor en su misericordia perdona, ya sus ministerios no son los mismos, hay un precio que se paga por el descuido, y muchas veces al igual que Esaú, tenemos que alzar la voz con gran lloro y preguntar: ¿no hay otra bendición para mi, Padre mío?, y se nos tenga que decir: “Vino tu hermano y tomó tu bendición”.

3 La humildad.

Por último quiero que consideremos la humildad para un servicio efectivo dentro de la obra de Dios. Debemos recordar que lo que tenemos no es nuestro, sino del Señor, de Él proviene todo don, y Él los ha repartido dentro de su iglesia como Él quiere. Nuestros talentos no son para enseñorearnos, sino para ponerlos al servicio de los demás. No debemos pensar que somos exclusivos en el servicio y nuestros dones son “una marca registrada”; mas bien, debemos entender que hemos sido llamados a formar un equipo
con los demás miembros del cuerpo de Cristo, cuyo objetivo es darle la gloria a Aquel que se la ganó en la cruz del calvario.

David le hace ver a Salomón que la obra a realizar era un trabajo donde necesitaría el apoyo de un gran equipo de trabajo (v21). En total fueron 550 jefes de obra, y 3500 capataces, todo esto sumado a los obreros, artesanos, aserradores y demás parte del pueblo que participó en la obra.

Conclusión:

Al final de los siete años y medio que duró la obra, al momento de la consagración del templo, la gloria de Dios llenó el templo con una nube tan densa, que era imposible ministrar en su interior. Yo te pregunto hoy: ¿Quieres ver la gloria de Dios en lo que haces para el Señor?... Esfuérzate, sé diligente, vive en santidad y da la gloria a Aquel que se la merece en todo cuanto haces.

Dios te bendiga.

www.OrientacionesBiblicas.org

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