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LA IMPORTANCIA DE LA OBEDIENCIA.

Por Guillermo A. Morataya.
Lectura bíblica: Génesis 22:9-18
9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.
10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.
13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.
15 Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo,
16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;
17 de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.
18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.
Quisiera que hoy meditáramos sobre la adoración a Dios; ésta es el acto, mediante el cual reconocemos la dignidad, la gloria y la misericordia del Señor; y le rendimos tributo por ello.

Desde ese punto de vista, la adoración va mas allá de una simple expresión oral de la grandeza y gloria de Nuestro Señor; pues también, implica un rendir de nuestra vida en obediencia y entrega a Él.

Quizá el concepto que tengamos de la adoración, sea el momento cuando estamos ante Él y abrimos nuestro corazón en alabanza y gratitud; pero ese, solo es un aspecto de la verdadera adoración, pues la adoración que agrada a Dios, es aquella que va acompañada de una vida de obediencia y entrega.

Sin obediencia a Dios, sin entrega a Él, toda adoración es hueca y vacía por sublime que sea el canto, o por muy ordenada la melodía y melodiosa la voz del que la entona, Dios no la recibe.

El pueblo de Israel vivió esta verdad con su propia experiencia. A través del profeta Isaías, El Señor les habla y les dice: "¿Para qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios?; vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas, cansado estoy de soportarlas” (Isaías 1:11,14).

Pero, ¿por qué El Señor rechazaba los cantos, las danzas y los sacrificios que Él mismo les había mandado al pueblo que celebrara?, era porque el pueblo había apartado su corazón de la santidad, la justicia, la obediencia y la misericordia. (Isaías cap1:15-20).

1. La obediencia de Abraham.

Sin duda alguna, uno de los ejemplos más bellos de obediencia y entrega lo encontramos en este pasaje de La Escritura, que nos habla de este hombre llamado Abraham.

Después de anhelar un hijo por muchos años en su juventud, Dios se lo concede en su vejez. Este muchacho se llegó a convertir en lo más preciado que Abraham jamás había tenido; era el hijo anhelado durante años, era el hijo, sobre el cual Abraham había recibido muchas promesas; las expectativas y los sueños de Abraham estaban enfocados en su hijo Isaac.

Llegó un momento que la lealtad y amor de Abraham hacia Dios son probados, y El Señor habla a Abraham, y le dice: “Quiero que lleves a tu hijo a la tierra de Moriah, y me lo ofrezcas en sacrificio” (v2). Es inimaginable el dolor que este hombre sintió en su corazón, El Señor le estaba pidiendo lo que él más amaba; sin embargo, él, sin preguntar se dispone en obediencia al mandato del Señor.

Abraham estuvo dispuesto a sacrificar ante El Señor, aquello que era lo más grande que él tenía sobre la tierra, y adoró Al Señor en obediencia sometiendo y rindiendo en el altar a su hijo Isaac.

La Iglesia pareciera no haber entendido este principio de la obediencia, y se conforma muchas veces con una adoración superficial, y no ha querido traer al altar aquellas cosas que sabe que estorban la adoración, y que Dios le pide que entregue.

Muchas veces aun conservamos muchos valores del mundo en nosotros: La soberbia, el egoísmo, la prepotencia, la implacabilidad, la inmisericordia, la lujuria, la hipocresía y muchos males más, son parte de nosotros. Y la iglesia lo sabe, no somos ignorantes de lo que estorba nuestra adoración Al Señor; pero, parece ser que nos hemos vuelto religiosos, y quizá creemos que con cantarle Al Señor y darnos una lloradita delante de Él, ya le agradamos, pero no; Dios quiere de su pueblo una vida rendida en obediencia a Él, donde día a día nos examinemos, y a la luz de La Palabra rindamos ante Él todas aquellas cosas que estorban nuestra adoración.

En este punto tropezó Saúl, el rey de Israel; Dios le ordenó destruir a Amalec, pues se había convertido en un pueblo anatema para Él, la orden era raer con todo el pueblo, aun los animales deberían ser muertos; pero Saúl perdona la vida a los reyes de aquel pueblo, y lleva al campamento de Israel gran cantidad de ganado como botín; al ser confrontado por Samuel, él argumenta que esos animales eran para sacrificarlos delante del Señor, y Samuel asienta el principio en el cual hoy meditamos: “Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios.” (1 Samuel Cap. 15).

Muchas veces ofrecemos cultos Al Señor, a veces ofrecemos ofrendas, otras veces vigilias y ayunos, como para agradecer a Dios por alguna bendición; pero, ¿no sería mejor rendir nuestras vidas en obediencia Al Señor y servirle incondicionalmente; decirle: “Señor Tú me has bendecido, yo no tengo nada cómo pagarte, pero lo que soy, lo que tengo, mis intereses, mis falsos valores que el mundo formo en mi, todo lo rindo a Tí Señor?”

Sólo entonces, nuestra alabanza será acepta delante del Señor, aunque quizá nuestro cantar no sea muy profesional, pero El Señor dirá: "Mi hijo que demuestra que me ama con su vida de obediencia me esta alabando con sus labios, ¡que hermosa es esa alabanza!, ¡esa alabanza si alegra mi corazón!"

2. La adoración sincera se convierte en un diálogo con Dios.

Cuando adoramos en ese espíritu, nuestra adoración se convierte en un diálogo con El Señor; y viene el Espíritu Santo para traer seguridad y fortaleza a la vida del adorador.

¡Abraham! -le dijo El Señor, no extiendas tu mano sobre el muchacho, y empezó Dios a confirmar todas aquellas promesas que anteriormente ya le había dado; pero esta vez estas promesas eran confirmadas a su vida, producto de un acto de rendición y obediencia delante del Señor. (V 12-18).
No en balde La Palabra dice que el justo permanecerá confiado, pues Dios mismo ministrará esa confianza a travez de su Espíritu a todos aquellos que se esfuerzan día a día en su gracia.

Conclusion: La verdadera adoración incluye un acto personal de obediencia a Dios.

¿Quiere que El Señor bendiga su vida, que disipe todo temor, toda ansiedad de usted?, hoy es una excelente oportunidad para examinarnos ante El Señor.

¿Qué tienes que entregar que tú sabes que estorba tu relación con Dios?, quizá sea tu machismo, o quizá sea tu orgullo que no te permite perdonar a aquellos que un día te dañaron. Quizá sea tu tiempo que El Señor te ha pedido para que le sirvas y no haz querido; o quizá sea alguna situación de pecado que no haz querido abandonar porque te es demasiada grata, quizá aun no haz querido entregarte a Jesús, aunque reconoces que solo en Él hay salvación por no comprometerte demasiado, y te haz conformado con ofrendar, o con ofrecer un culto en determinada ocasión a Él.

Hoy El Señor te dice: Yo te amo y quiero una vida de obediencia y entrega, no me conformo con medio entregas; pues yo me entregué por completo a ti, yo di hasta el último aliento en esa cruz para darte vida.

Dios te bendiga.
Guillermo A. Morataya.
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